1 de mayo de 2007

Historias de un Fulano

Mi nombre es Andrés Arturo Muñoz García y tengo 18 años de edad. Mido 1.82 metros, tengo la cara redonda, ojos color verde oscuro, cejas pobladas y nariz chata. Tengo la piel de color blanco, boca mediana, manos grandes y los pies de talla 44. Soy una persona descomplicada, tolerante, con un buen sentido del humor y casi siempre tengo una sonrisa en la boca. Tengo un gran sentido de la amistad, soy amable y muy leal.
Pero para hablar sobre mí, también tengo que hablar sobre mi familia. Y voy a comenzar con un ser que quiero mucho y ese es mi papá.

Mi papá, Mart
ín Alonso Muñoz tiene 52 años, mide 1.72 m, tiene la cara redonda, cejas poco pobladas, boca mediana, ojos color café claro y nariz afilada. Su piel es de tes blanca, tiene los brazos y las piernas medianas, es acuerpado, sus manos son grandes y sus pies de talla 42. Mi papá es una persona flexible, es permisivo y muy extrovertido, pero también muy serio cuando se lo propone. Tiene un gran sentido del Honor y siempre cumple con su palabra. Es muy tolerante, amable y le gusta salir a divertirse ocasionalmente. Ya les conté de mi papá, pero como en casi todas la familias además de haber un familiar que uno quiere mucho, también hay uno que generalmente no se quiere tanto, y por eso les voy a hablar de mi primo.

Mi primo Fernando, tiene 26 años, mide 1.70 m y tiene la piel de color blanco. Su cabello es de color castaño, tiene los ojos de color verde, nariz chata, boca grande, y es de contextura gruesa. Tiene las manos y los pies grandes, en cuanto a su personalidad, él es arrogante, y soez. También es obstinado y bruto.
Bueno... estos son dos miembros característicos de mi familia, y ahora les voy a contar unas historias que han marcado mi vida, la vida de un fulano llamado Andrés Arturo, que entre anécdotas y letras les va a contar su vida....

...Señor de los Milagros
...

Esto fue hace mucho tiempo, no recuerdo la fecha con exactitud, pero durante var
ios meses mi papá estuvo obsesionado por ir a Buga, y visitar la basílica del Señor de los Milagros. Esa era su meta para ese año, el hizo todo lo posible, y compró una Toyota Landcriuser modelo 85 mejor conocida como “Caresapo”. Esa camioneta era un excelente vehículo, tenia motor 4.500, cinco cambios y un sonido atronador cuando se encontraba en la carretera. Por fin había llegado el día para irnos a Buga, la idea era salir muy temprano, pero por cosas de trabajo mi papá no pudo y toco salir al medio día. Comenzamos el viaje, el inevitable “trancón” de Soacha, se hizo sentir, yo ya estaba desesperado y eso que aún no habíamos salido de la ciudad, cuando de repente la Toyota Landcruiser modelo 85, comenzó a disminuir la velocidad, mi papá con el último impulso de la camioneta se hizo a un lado de la calle. Nos bajamos cuando un “madrazo” sacudió el aire: “Jueputa vida” dijo mi papá, mi mamá se puso de mal humor, y comenzó a discutir con él, mientras mi hermano y yo nos sentamos a ver como discutían nuestros padres, y a ver el “pintoresco” paisaje de Soacha. Cuando dejaron de discutir, mi papá se acerco a un taller que casualmente estaba al otro lado de la carretera donde estábamos, fue y consultó al mecánico, un señor bajito con bigote, un overol lleno de grasa, y una toalla roja que le colgaba del hombro, este señor fue y revisó la camioneta, y dijo: “Lo que paso, fue que se rompió el disco de la caja de cambios patrón”. Al escuchar eso mi papá rojo de la ira, tomo un taxi y nos dijo: “ya vengo voy a comprar el disco, no me demoro”, eran cerca de las tres de la tarde, pero lo que mi papá no tenia previsto es que le tocaba ir a la autopista norte con calle 128 por el repuesto. Así que cuando regresó a donde estábamos ya eran las ocho de la noche. En todo ese tiempo, mi mamá, mi hermano y yo nos quedamos dentro de la camioneta escuchando música y hablando y cuando mi papá llegó el mecánico le dijo: “ Patrón, yo le pongo el disco pero no esta pa’ hoy”. Después de eso tomamos un taxi de regreso a la casa, y mi papá exclamó: “AH!... Bueno cuando la arreglen nos vamos pa’ Buga”. La camioneta fue arreglada, pero por alguna extraña razón, nunca viajamos, y mi papá siempre nos decía que en la próximas vacaciones íbamos a viajar, cosa que hasta el día de hoy no hemos hecho, y eso quiere decir que el pobre señor de los milagros debe estar esperándonos todavía...

Pasión y Recuerdo


...Si el pobre Señor de los Milagros todavía debe estar esperándonos pero bueno, que se le va a hacer.
Aunque hay otras h
istorias como por ejemplo la de la vez que conseguí mi bandera....

...Pasión...


Una bandera, es un símbolo usado para representar algo, una organización, un equipo, un país… Pero una bandera también representa identidad, sentimiento y sobre todo PASIÓN.

En mi caso, pasión hacia un equipo, un equipo de fútbol, al cual desde niño siempre apoyé; ya sea por influencia familiar o por afinidad hacia el color, o por la razón inexplicable que hace que uno se sienta identificado con algo. En todo caso es una bandera del Atlético Nacional de Medellín, una bandera que obtuve gracias a un favor de mi padre y a lo que muchos considerarían un “capricho”.


Todo comenzó cuando supe que el “verde” abría su participación en la Libertadores 2006 contra Rosario Central, un equipo importante de Argentina. Y al ver que el primer partido era en Medellín, inmediatamente supe que tenía que ir a alentar al equipo. Afortunadamente tuve la suerte de que mi padre me haya apoyado y así partí solo hacia Medellín.

Llegué al hotel el día del partido, este queda ubicado en la Av. Oriental con calle Caracas, y lo primero que hice cuando llegué, fue dejar la maleta en la habitación y dirigirme inmediatamente a comprar la boleta. Después de que la compre fui al hotel a bañarme a comer algo y a dormir un poco ya que estaba cansado por el viaje.

Esa tarde me desperté y me di cuenta de que ya casi no quedaba tiempo para llegar al estadio debía apresurarme para no perderme la salida del equipo. Cuando llegué al estadio me puse a hacer la fila, ya estaba a punto de entrar cuando un niño, se acercó con la bandera y me dijo:-¿me va a colaborar con la bandera cierto? A cinco “Lucas”- y accedí a comprarla.

Esa noche en el partido, el “Verde no me defraudó y ganamos uno a cero con gol de Carlos Díaz, y la bandera estuvo conmigo en ese importante momento.

Al día siguiente, en el regreso a Bogotá y aunque estaba lleno de que me fueron encargados, no podía descuidar la bandera, así que la tuve las ocho horas de viaje entre mis manos. Esa es la historia de mi bandera, la bandera del Atlético Nacional.





Pero la bandera del "Verde" no ha sido la única que me ha marcado, también esta la bandera de once, la bandera que nos representó aquel último día de clases.

Último día

Y como no acordarse de aquel último día, todos estábamos ansiosos de salir, de saber que ya no regresaríamos al colegio, de saber que la etapa de los timbres y las entregas de notas habían terminado.

Eran las ocho de la mañana comenzó la última jornada de recuperaciones y todos los que no habíamos recuperado estábamos rogando a los profesores que nos permitieran hacer los exámenes, después de esto mis dos mejores amigos y yo sacamos la bandera del curso. Una bandera que surgió como un pacto en una aburrida clase de física. Comenzámos a hondearla ya eran como las once de la mañana y nos dirigimos Sebas Fa y yo a buscar a todas las personas de la promoción para que pusieran su firma, y así cuando nos volvamos a reunir esa bandera nos va a traer todos los recuerdos de un año lleno de anécdotas. Cuando terminamos de reunir las firmas de todos comenzamos a jugar el último partido de fútbol, era contra el grado décimo, y fue un partido como de costumbre mucha “pata” y poco juego, casi terminamos peleando otra vez, aunque igual hicimos respetar la cancha que nosotros hicimos (por que fuimos nosotros, no el colegio) y ganamos el partido.

Ya cuando el reloj marcaba las 2 de la tarde, nos fuimos; Sebas, Fa, Danny, Cesar, Daniela y yo, a la parte de atrás del colegio, junto a la bodega, al lado del rió Bogotá, llevamos la bandera con nosotros y comenzamos a recordar y a dejarnos invadir por la nostalgia, y fue en ese momento cuando yo saqué un pequeño presente que sabia que le iba a gustar a mis amigos, y era media botella de Aguardiente Antioqueño, -uy! Mediecita- dijo Sebastián. Si mediecita que nos bebimos a escondidas de la coordinadora que era la única capaz de molestarnos en ese día.

En fin, la mediecita se acabó, nos dirigimos de nuevo al salón esta vez, además de ondear la Bandera, comenzámos a cantar las canciones que Fabio y yo habíamos inventado. La que más nos gustaba y la que más cantamos ese día era la que decía: “YO DE ONCE NACÍ, DE ONCE VOY A MORIR, DÉCIMO NO EXISTÍS, YO SOY DE ONCE SOY FELIZ”. Llegamos al salón y estaba apunto de sonar el timbre de salida, comenzámos a hacer firmar las camisetas por todos nuestros compañeros, y las inevitables lágrimas de las niñas y uno que otro “niño” ocasional comenzaron a salir, los abrazos y las despedidas se sintieron con más fuerza, tomamos los marcadores permanentes y cada uno dejo un mensaje en el tablero. El mío decía “no se preocupen muchachos que esas no son penas”, y así todos dejaron uno diferente.

Cuando sonó el timbre todos gritamos, y una vez más entonamos las canciones del curso, esta ves era la que decía “DALE OOOO, DALE OOOOO, POR QUE TE QUIERO POR VOZ ME MUERO, DALE OOOOOOOOOOO” y cuando llegamos a la puerta antes de subir a nuestro ultimo viaje en la ruta, Sebas, Fa y yo, hicimos la promesa de que aunque se aya acabado el colegio, nunca íbamos a perder la amistad, promesa que hasta la fecha los tres hemos cumplido.

Primero los dolorosos y luego los Gozosos


En este anecdotario, hay muchas historias. tanto buenas como malas, y como es tradición voy a comenzar con la mala...


Estábamos Sebastián, Fabio y yo, disfrutando del primer partido de la final del fútbol colombiano entre el Independiente Santa fe y el que después resultaría campeón, el Atlético Nacional. Era 22 de junio del año 2005, nos encontrábamos en el “barcito”, el lugar predilecto de nuestras “tomatas”, que queda ubicado en donde solía estar el cuarto de servicio de la casa de Fabio.

Vimos el partido, quedo empatado y nos pusimos a tomar toda la noche. Quedamos ebrios y yo decidí irme a mi casa, por otro lado Sebastián se quedó para seguir tomando.

Al día siguiente 23 de junio, cumplía años una amiga del colegio, Catherine, que casualmente vivía en el mismo conjunto de Fabio. Todos estábamos invitados a la fiesta que ella había programado, y esa tarde, cerca de las 6 yo comencé a llamar a Fabio al celular para preguntarle en que casa vivía ella. Lo llamé muchas veces pero nunca contestó, paso el tiempo y seguí insistiendo hasta que a eso de las 8 de la noche, decidí llamar a Sebastián, y fue él el que me dio la nefasta noticia, le pregunté: “¿oe sabe donde esta Fa?, pa’ preguntarle en que casa vive Catherine” y el me respondió: “Marica “chuzaron” a Fabio”, en medio del asombro, me dirigí a donde mi padre para que me diera la plata rápido y así poder ir al Hospital donde lo tenían.

El estaba en la Fundación Cardio Infantil, fui lo más rápido que pude, y cuando llegué, el vigilante no me quería dejar entrar por que la hora de visita ya había acabado, me tocó rogarle y decirle que un amigo mío había sido recién apuñalado para que me dejara entrar. Cuando entré me dirigí lo mas rápido que pude a urgencias, llegué y estaba la familia de él. Laura la hermanita menor llorando desconsolada, Gabriel el hermano mayor y Andrea la otra hermana estaban tratando de calmarla, mas al fondo estaban los abuelos y doña Evlin, la mamá de Fabio, que con los ojos llorosos demostraba el dolor que provoca saber que un hijo esta al borde de la muerte, y cerca a la entrada de la sala, en el sofá estaba Sebastián que junto con otros compañeros del colegio estaban ahí pensativos, esperando noticias de Fabio.

Diez minutos después de que yo llegué, salió don Gabriel de una sala, llorando por que en ese momento un médico le dijo que Fabio había entrado en un paro "cardio-respiratorio", y alcanzó a ser declarado clínicamente muerto durante diez minutos. A todos nos invadió la tristeza, pero nunca perdimos la esperanza de que él se salvara. Se escucháron las plegarias , la preocupación creció, y diez minutos después volvió a salir el medico diciendo que Fabio ya había regresado a la vida, que estaba estable y que la operación continuaba.

Cuando el reloj marcaba las 10 de la noche, el último parte medico, nos lleno de alivio, ya que la operación había sido un éxito, y que Fabio estaba fuera de peligro. Fue trasladado a cuidados intensivos, donde emprendió una larga recuperación.


Por culpa de esta asquerosa jugarreta de la vida, Fabio, uno de mis mejores amigos casi muere, pero como yo le dije a el cuando ya estaba en la casa, postrado en su cama, “Hierba mala nunca muere”, y el con la garganta irritada por los tubos que le introdujeron en la boca cuando estaba en el hospital, se rió y me dijo con tono sarcástico: “Gracias, por lo que me corresponde maricón”.


Afortunadamente
Fabio no murió y sigue aquí con nosotros, aunque prometió que no iba a volver a tomar, dos meses después estábamos otra vez los tres que vimos el partido aquel 22 de junio del 2005, en el “barcito”.

Este fue un horrible acontecimiento en mi vida, que duele recordar, pero hay otros acontecimientos mucho más agradables y divertidos, que vale la pena mencionar...

...Por fin...


Por fin había llegado el día del grado. Aquel cuatro de diciembre que parecía inalcanzable. Estaba ansioso y el esfuerzo que hicimos mi padre y yo por conseguir el vestido por fin había dado frutos. Esa mañana me levanté muy temprano, desayuné y enseguida me fui a bañar. Después de eso me puse mi vestido, este era de color gris "raya tiza". Me puse una camisa blanca, mi chaleco de paño, mi corbatín y mi sombrero, y para complementar mis zapatos "coca-colos", infortunadamente no conseguí el reloj de bolsillo para completar la "pinta" de los años 30. Salí temprano de casa, saqué la bandera del curso, y me fui a la casa de Sebastián, en donde nos reuniríamos con Fabio y nos llevarían al teatro. Cuando llegamos, dejamos los "Blazers" en el camerino, recibimos las togas y los birretes e hicimos un ensayo de último momento. Comenzó la ceremonia, los padres de todos los alumnos, los invitados, y uno que otro "sapo" de décimo llenaron el teatro, Todo transcurría con normalidad, recibí mi diploma y mi medalla, y cuando estaba a punto de terminar la ceremonia, se fue la luz. Hubo un apagón en Bogotá que nos "aguó" el evento que igual continuó, y oscuras se siguieron entregando los diplomas restantes. Veinte minutos más tarde la luz regresó, se dio paso al evento de clausura. Después de esto subimos al escenario, y comenzámos a cantar y a hondear la bandera del curso.



Esa noche nos fuimos a celebrar a la casa de Danny. Todo iba bien, hasta que a eso de la una de la mañana se acabo el trago, y la fiesta se apagó. Solo quedaba una caja de "Néctar" que unos compañeros habían comprado. Miré a Sebastián y a Fabio, y decidimos "tomarla prestada". La sacamos del armario donde estaba escondida, nos despedimos de todos con la excusa de que teníamos que ir a celebrar con nuestras familias, cosa que no era verdad. Después de que salimos de donde Danny, tomamos un taxi y nos fuimos a "rematar" la "tomata"donde Fabio, en el "barcito". Cuando llegamos, comenzámos a beber la caja que "tomamos prestada", a recordar las anécdotas vividas en el colegio y a tomar fotos. Cuando se nos acabó la caja, un poco ebrios decidimos ir a comprar más, y nos fuimos a las cuatro de la mañana a donde la "bruja", una señora que atiende un antro 24 horas, en "barrancas", a tres cuadras de la casa de fabio. Compramos una caja de "Antioqueño", nos la bebimos y nos dieron las ocho de la mañana. Ya estando muy ebrios, se nos ocurrió la idea de ir a recojer el boletín de notas, pero infortunadamente don Gabriel el papá de Fabio, nos detuvo. Frustrados por no poder hacer lo que se nos ocurrió, fuimos otra vez donde la "bruja" a comprar unas cervezas. y así fue que celebramos lo que por tanto tiempo esperamos, lo que por fin había ocurrido, nuestro grado.