1 de mayo de 2007

Pasión y Recuerdo


...Si el pobre Señor de los Milagros todavía debe estar esperándonos pero bueno, que se le va a hacer.
Aunque hay otras h
istorias como por ejemplo la de la vez que conseguí mi bandera....

...Pasión...


Una bandera, es un símbolo usado para representar algo, una organización, un equipo, un país… Pero una bandera también representa identidad, sentimiento y sobre todo PASIÓN.

En mi caso, pasión hacia un equipo, un equipo de fútbol, al cual desde niño siempre apoyé; ya sea por influencia familiar o por afinidad hacia el color, o por la razón inexplicable que hace que uno se sienta identificado con algo. En todo caso es una bandera del Atlético Nacional de Medellín, una bandera que obtuve gracias a un favor de mi padre y a lo que muchos considerarían un “capricho”.


Todo comenzó cuando supe que el “verde” abría su participación en la Libertadores 2006 contra Rosario Central, un equipo importante de Argentina. Y al ver que el primer partido era en Medellín, inmediatamente supe que tenía que ir a alentar al equipo. Afortunadamente tuve la suerte de que mi padre me haya apoyado y así partí solo hacia Medellín.

Llegué al hotel el día del partido, este queda ubicado en la Av. Oriental con calle Caracas, y lo primero que hice cuando llegué, fue dejar la maleta en la habitación y dirigirme inmediatamente a comprar la boleta. Después de que la compre fui al hotel a bañarme a comer algo y a dormir un poco ya que estaba cansado por el viaje.

Esa tarde me desperté y me di cuenta de que ya casi no quedaba tiempo para llegar al estadio debía apresurarme para no perderme la salida del equipo. Cuando llegué al estadio me puse a hacer la fila, ya estaba a punto de entrar cuando un niño, se acercó con la bandera y me dijo:-¿me va a colaborar con la bandera cierto? A cinco “Lucas”- y accedí a comprarla.

Esa noche en el partido, el “Verde no me defraudó y ganamos uno a cero con gol de Carlos Díaz, y la bandera estuvo conmigo en ese importante momento.

Al día siguiente, en el regreso a Bogotá y aunque estaba lleno de que me fueron encargados, no podía descuidar la bandera, así que la tuve las ocho horas de viaje entre mis manos. Esa es la historia de mi bandera, la bandera del Atlético Nacional.





Pero la bandera del "Verde" no ha sido la única que me ha marcado, también esta la bandera de once, la bandera que nos representó aquel último día de clases.

Último día

Y como no acordarse de aquel último día, todos estábamos ansiosos de salir, de saber que ya no regresaríamos al colegio, de saber que la etapa de los timbres y las entregas de notas habían terminado.

Eran las ocho de la mañana comenzó la última jornada de recuperaciones y todos los que no habíamos recuperado estábamos rogando a los profesores que nos permitieran hacer los exámenes, después de esto mis dos mejores amigos y yo sacamos la bandera del curso. Una bandera que surgió como un pacto en una aburrida clase de física. Comenzámos a hondearla ya eran como las once de la mañana y nos dirigimos Sebas Fa y yo a buscar a todas las personas de la promoción para que pusieran su firma, y así cuando nos volvamos a reunir esa bandera nos va a traer todos los recuerdos de un año lleno de anécdotas. Cuando terminamos de reunir las firmas de todos comenzamos a jugar el último partido de fútbol, era contra el grado décimo, y fue un partido como de costumbre mucha “pata” y poco juego, casi terminamos peleando otra vez, aunque igual hicimos respetar la cancha que nosotros hicimos (por que fuimos nosotros, no el colegio) y ganamos el partido.

Ya cuando el reloj marcaba las 2 de la tarde, nos fuimos; Sebas, Fa, Danny, Cesar, Daniela y yo, a la parte de atrás del colegio, junto a la bodega, al lado del rió Bogotá, llevamos la bandera con nosotros y comenzamos a recordar y a dejarnos invadir por la nostalgia, y fue en ese momento cuando yo saqué un pequeño presente que sabia que le iba a gustar a mis amigos, y era media botella de Aguardiente Antioqueño, -uy! Mediecita- dijo Sebastián. Si mediecita que nos bebimos a escondidas de la coordinadora que era la única capaz de molestarnos en ese día.

En fin, la mediecita se acabó, nos dirigimos de nuevo al salón esta vez, además de ondear la Bandera, comenzámos a cantar las canciones que Fabio y yo habíamos inventado. La que más nos gustaba y la que más cantamos ese día era la que decía: “YO DE ONCE NACÍ, DE ONCE VOY A MORIR, DÉCIMO NO EXISTÍS, YO SOY DE ONCE SOY FELIZ”. Llegamos al salón y estaba apunto de sonar el timbre de salida, comenzámos a hacer firmar las camisetas por todos nuestros compañeros, y las inevitables lágrimas de las niñas y uno que otro “niño” ocasional comenzaron a salir, los abrazos y las despedidas se sintieron con más fuerza, tomamos los marcadores permanentes y cada uno dejo un mensaje en el tablero. El mío decía “no se preocupen muchachos que esas no son penas”, y así todos dejaron uno diferente.

Cuando sonó el timbre todos gritamos, y una vez más entonamos las canciones del curso, esta ves era la que decía “DALE OOOO, DALE OOOOO, POR QUE TE QUIERO POR VOZ ME MUERO, DALE OOOOOOOOOOO” y cuando llegamos a la puerta antes de subir a nuestro ultimo viaje en la ruta, Sebas, Fa y yo, hicimos la promesa de que aunque se aya acabado el colegio, nunca íbamos a perder la amistad, promesa que hasta la fecha los tres hemos cumplido.

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